No hay
razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges.
Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón
válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres
feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como
también lo es el sufrimiento.
Tú no escogiste tu lengua, ni tu
religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca
tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni
el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio
nombre. De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero
estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos
transmitieron del sueño del planeta.
Domesticamos a los niños de la misma
manera en que domesticamos a un perro, un gato o cualquier otro animal. Para
enseñar a un perro, lo castigamos y lo recompensamos. Adiestramos a nuestros
niños, a quienes tanto queremos, de la misma forma en que adiestramos a
cualquier animal doméstico: con un sistema de premios y castigos
¿Cuántas veces pagamos por un mismo
error? La respuesta es: miles de veces. El ser humano es el único animal sobre
la Tierra que paga miles de veces por el mismo error. Los demás animales pagan
sólo una vez por cada error. Pero nosotros no. Tenemos una gran memoria.
Cometemos una equivocación, nos juzgamos a nosotros mismos, nos declaramos
culpables y nos castigamos.
El 95 por ciento de las creencias que
hemos almacenado en nuestra mente no son más que mentiras, y si sufrimos es
porque creemos en todas ellas…
No hay ninguna Verdad que encontrar.
Donde quiera que miremos, todo lo que vemos es la Verdad, pero debido a los
acuerdos y las creencias que hemos almacenado en nuestra mente, no tenemos ojos
para verla.
Puedes elegir creer en cualquier cosa,
y eso incluye creer en ti.
El primer paso consiste en ser
consciente de la bruma que hay en tu mente.
Los Cuatro Acuerdos te ofrecen la
posibilidad de acabar con el dolor emocional, y de este modo te abren la puerta
para que disfrutes de tu vida y empieces un nuevo sueño.
Llegar a la esencia de esos acuerdos
es lo que yo llamo ir al desierto. Cuando vas al desierto, te encuentras
cara a cara con tus demonios. Una vez has salido de él, todos esos demonios se
convierten en ángeles.
El modo en que vives ahora es el
resultado de muchos años de domesticación.
Somos adictos a nuestra forma de ser,
a la rabia, los celos y la autocompasión. Somos adictos a las creencias que nos
dicen: «No soy lo bastante bueno, no soy lo suficientemente inteligente. ¿Por
qué voy a molestarme en intentarlo? Si otras personas lo hacen es porque son
mejores que yo».
Tu vida es la manifestación de tu
sueño; es un arte. Y puedes cambiar tu vida en cualquier momento si no
disfrutas de tu sueño. Controlar el sueño a través de tus elecciones. Todo
tiene sus consecuencias, y debes de ser consiente de ellas.
Existen tres maestrías que llevan a la
gente a convertirse en toltecas.
La primera es la Maestría de la Consciencia:
ser conscientes de quiénes somos realmente, con todas nuestras posibilidades.
La segunda es la Maestría de la
Transformación: cómo cambiar, cómo liberarnos de la domesticación.
La tercera es la Maestría del Intento:
desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de la vida que hace
que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente que
envuelve toda energía, o lo que llamamos «Dios». Es la vida misma; es el amor
incondicional. La Maestría del Intento es, por tanto, la Maestría del Amor…
Cada día nos despertamos con una
determinada cantidad de energía mental, emocional y física que gastamos durante
el día. Si permitimos que las emociones consuman nuestra energía, no nos
quedará ninguna para cambiar nuestra vida o para dársela a los demás.
La manera en que ves el mundo depende
de las emociones que sientes.
Cada ser humano tiene un cuerpo
emocional cubierto por entero de heridas infectadas por el veneno de todas las
emociones que nos hacen sufrir, como el odio, la rabia, la envidia y la
tristeza. Una injusticia abre una herida en nuestra mente y reaccionamos
produciendo veneno emocional por causa de los conceptos y creencias que tenemos
sobre qué es justo y qué no lo es.
Nuestro sueño del planeta es
disfuncional; los seres humanos tenemos una enfermedad mental llamada
«MIEDO». Los síntomas de esta
enfermedad son todas las emociones que nos hacen sufrir: rabia, odio, tristeza,
envidia y desengaño.
El comportamiento psicótico tiene
lugar cuando la mente está tan asustada y las heridas son tan profundas, que
parece mejor romper el contacto con el mundo exterior.
«¡Ya basta! No volveré a ser el gran
Juez que actúa contra mí mismo. No volveré a maltratarme ni a agredirme. No
volveré a ser la Víctima».
Para empezar, es necesario que
perdonemos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos y a Dios.
Una vez perdones a Dios, te perdonarás por fin a ti mismo. Una vez te perdones
a ti mismo, el auto-rechazo desaparecerá de tu mente.
Sabrás que has perdonado a alguien
cuando lo veas y ya no sientas ninguna reacción emocional. Oirás el nombre de
esa persona y no tendrás ninguna reacción emocional. Cuando alguien te toca lo
que antes era una herida y ya no sientes dolor, entonces sabes que realmente
has perdonado.
La verdad es como un escalpelo. Es
dolorosa porque abre todas las heridas que están cubiertas por mentiras para
así poder sanarlas.
El ángel de la muerte nos enseña a
vivir cada día como si fuese el último de nuestra vida, como sí no hubiera de
llegar ningún mañana. Empecemos el día diciendo: «Estoy despierto, veo el sol.
Voy a entregarle mi gratitud, y también a todas las cosas y todas las personas,
porque todavía estoy vivo. Un día más para ser yo mismo».
El amor que me hace feliz es el que puedo
compartir con la gente que amo.
Cuando vivimos en el sueño del
planeta, es como si estuviésemos muertos. Si sobrevivimos a la iniciación a la
muerte, recibimos el don más maravilloso: la resurrección. Eso quiere decir que
renacemos de entre los muertos, estamos vivos, somos nosotros mismos de nuevo.
La resurrección es convertirse otra vez en un niño, ser salvaje y libre, pero
con una diferencia: en lugar de inocencia, tenemos libertad con sabiduría. Somos
capaces de romper nuestra domesticación, recuperar nuestra libertad y sanar
nuestra mente.
«Todo lo que hay aquí me pertenece; no
es tuyo. Tu casa, tu pareja, tus hijos, tu coche, tu trabajo, tu dinero: todo
me pertenece y me lo puedo llevar cuando quiera, pero por ahora, puedes
utilizarlo».
El sueño que vives lo has creado tú.
Es tu percepción de la realidad que puedes cambiar en cualquier momento. Tienes
el poder de crear el Infierno y el de crear el Cielo. ¿Por qué no soñar un
sueño distinto? ¿Por qué no utilizar tu mente, tu imaginación y tus emociones
para soñar el Cielo?.
Imagínate que tienes la capacidad de
ver el mundo con otros ojos siempre que quieras.
Es amor que emana de los árboles, del
Cielo, de la luz. Percibirás el amor que emana directamente de todas las cosas,
incluso de ti mismo y de otros seres humanos. Aun cuando estén tristes o
enfadados, verás que por detrás de sus sentimientos, también envían amor.
Una vida en la que no sea necesario
que justifiques tu existencia y en la que seas libre para ser quien realmente
eres.
- Imagínate que tienes permiso para ser feliz y para disfrutar de verdad de tu vida.
- Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo y con los demás.
- Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños. Sabes qué quieres, cuándo lo quieres y qué no quieres. Tienes libertad para cambiar tu vida y hacer que sea como tú quieras. No temes pedir lo que necesitas, decir que Sí o que NO a lo que sea o a quien sea.
- Imagínate que vives sin miedo a ser juzgado por los demás. Ya no te dejas llevar por lo que otras personas puedan pensar de ti. Ya no eres responsable de la opinión de nadie. No sientes la necesidad de controlar a nadie y nadie te controla a ti.
- Imagínate que vives sin juzgar a los demás, que los perdonas con facilidad y te desprendes de todos los juicios que sueles hacer. No sientes la necesidad de tener razón ni de decirle a nadie que está equivocado. Te respetas a ti mismo y a los demás, y a cambio, ellos te respetan a ti.
- Imagínate que vives sin el miedo de amar y no ser correspondido. Ya no temes que te rechacen y no sientes la necesidad de que te acepten. Puedes decir: «Te quiero», sin sentir vergüenza y sin justificarte. Puedes andar por el mundo con el corazón completamente abierto y sin el temor de que te puedan herir.
- Imagínate que vives sin miedo a arriesgarte y a explorar la vida. No temes perder nada. No tienes miedo de estar vivo en el mundo y tampoco de morir.
- Imagínate que te amas a ti mismo tal como eres. Que amas tu cuerpo y tus emociones tal como son. Sabes que eres perfecto tal como eres
El mundo es precioso, es maravilloso.
La vida resulta muy fácil cuando haces del amor tu forma de vida. Es posible
amar todo el tiempo sí uno elige hacerlo. Quizá no tengas una razón para amar,
pero si lo haces, verás que te proporciona una gran felicidad. El amor en
acción sólo genera felicidad. El amor te traerá paz interior. Cambiará tu
percepción de todas las cosas. Puedes verlo todo con los OJOS del amor. Puedes ser
consciente de que el amor te rodea por todas partes. Cuando vives de esta
manera, la bruma de tu mente se disipa.
La Felicidad, es el paraíso perdido.
Los seres humanos nos hemos esforzado mucho por alcanzarla, y esto forma parte
de la evolución de la mente.
Sufrir hace que te sientas seguro
porque es algo que conoces a la perfección.
La única razón por la que sufres es
porque eliges hacerlo. Si examinas tu vida, descubrirás muchas excusas para
sufrir, pero no encontrarás una buena razón para hacerlo. Lo mismo ocurre con
la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque eliges serlo. LA FELICIDAD, IGUAL QUE EL SUFRIMIENTO, ES
UNA ELECCIÓN.
Tal vez no podamos escapar del destino
del ser humano, pero podemos elegir entre sufrir nuestro destino o disfrutar de
él, entre sufrir o amar y ser feliz, entre vivir en el Infierno o vivir en el
Cielo. MI ELECCIÓN PERSONAL ES VIVIR EN
EL CIELO.
Resumen de el libro “Los
Cuatro Acuerdos”
